lunes, 4 de diciembre de 2017

Oleiros guardeses

José F. Vicente Sobrino con su hija de la mano delante de su tejera en Ourinhos (Archivo de la Familia)

En  la historia de la emigración guardesa, factible obra monumental, uno de los tomos, y no el más pequeño estaría dedicado a la emigración a Brasil y en él, el capítulo más importante a los Oleiros. Esperando que alguien la escriba, valga este artículo para mantener su recuerdo. En la villa de La Guardia, como en los demás pueblos del Bajo Miño, siempre hubo  tejeros  y  siempre hubo campesinos .Contados eran los tejeros  o alfareros profesionales que vivían sólo de su industria, ya fuera de fabricación de tejas y ladrillos o de cacharrería, ellos mismos se definían “ labradores y tejeros” de los que había varios en el pueblo durante el siglo XIX .Uno destacó, especialmente, al finalizar el siglo: José Antº  Lomba  Camiña que después de morir su padre, como hijo mayor que era, supo aglutinar a su familia y demostrando la inteligencia para los negocios que ya habíamos visto en su abuelo”. Perito agrimensor y dueño de una Tejera”, y con un par de socios capitalistas,(1) formaron la empresa “José Antº  Lomba y Cía” que arrancó con un gran impulso con el que recorrió el siglo XX , produciendo desde el tosco ladrillo a la  cerámica decorativa (Compraron los moldes de la artística pero efímera “La Santa Cruz”) desde la cacharrería al gres y desde el ladrillo refractario a la esteatita dieléctrica, siendo el sostén económico, de un importante número de familias, que por fin encontraron en ese oficio un trabajo digno.

Jarra de la cerámica “La Santa Cruz”( img. de la izquierda) y otra  de la cerámica “El Progreso” (Colección del Autor).

La  mayoría de los campesinos también tenían una peculiaridad, no eran campesinos al cien por ciento: al llegar la primavera sufrían una metamorfosis. Desde tiempos inmemoriales y hasta  los años 60 del siglo XX, la mayoría de los campesinos del Bajo Miño en condiciones físicas saludables dejaban el calor de  sus hogares a finales del mes de Abril, y como aves migratorias partían en grupos a sus lugares de veraneo. Esos grupos ya los habían formado antes los patronos reclutando los obreros y criados, que necesitaban, en la plaza del pueblo  y  desde ese momento dejaban de ser campesinos y se transformaban en tejeros.
Todos los años en una feria que se celebra en la Plaza del Calvario de esta villa-a feira dos telleireiros- el día 18 de abril, los que trabajan por cuenta propia en los tejares hacen provisión de criados (chiquillos y hombres) y de caballerías…..”(El Rosal-Francisco Carrera, médico)
Los niños, el primer año, trabajaban gratis para aprender el oficio, iban mal vestidos, mal calzados y llenos de ilusiones; los que volvían lo hacían más ligeros de todo. Formados en cuadrillas, con las caballerías que llevaban al amo y cargaban herramientas y  tocino salado  para el sustento tomaban el rumbo hacia el tejar.
Algunos no salían de Galicia pero los más  los más se iban a Castilla y a Extremadura a la par que los albañiles en la común aventura  de un díficil viaje por los caminos que atravesando bosques, subían y bajaban  nuestros terciarias montañas, teniendo que protegerse del peligro de salteadores y a veces de ellos mismos:
“…en formal cuadrilla al pasar de madrugada por Sierra Seca en el partido de Verín en el tránsito de un sendero estrecho, a la subida de una pizarra cubierta de yelo  ha resbalado y cayo de ocicos Manuel Alonso, a cuyo tiempo se le disparó la carabina que traia y iva con la competente licencia, a pesar que el gatillo venia colocado en el descanso estaba cargada de postas y no solamente el tiro varrenó y destruyó en dos partes la capa en que se había embozado para preservarse del frio sino que causo una herida de gravedad a José francisco Gómez en la canilla de la pierna izquierda..”(albañiles rosaleiros a mitad del sigloXIX)
Había hielo porque era en el mes de Noviembre cuando volvían, porque entonces duraba siete meses la campaña de los albañiles y también para  los tejeros, como se lee en el contrato de arriendo de A. Trigo, de Cividanes, que a finales del siglo XIX trabajó muchos años una tejera en la provincia de Toledo.
“   2ª Cada año habrá de pagar la suma de 480 reales, en buena moneda, que es el precio que hemos convenido, al regresar a su país, que es por el mes de Noviembre
 Ya bien entrado el siglo XX vemos que el regreso se hace aproximadamente a los cinco meses, para enlazar con la vendimia:
Salcidos: Los tejeros.-Algunos ya han retornado a ésta y la mayor parte lo harán en la próxima semana, pues se acerca San Miguel. (La Voz del tecla, 21 Septiembre de 1918)
Y así continúa ya:
Vienen de las duras faenas de la tejera de Cambre, Rafael Alonso González ………..y José Mª González Otero (Nuevo Heraldo,22 septiembre 1934)
La estadía es más pequeña pero no menos terribles las condiciones sobre todo en Castilla, sinhorario, sudando a mares, soportando luego las gélidas noches de la Meseta y mal alimentados pronto se debilitaban y caían muchos enfermos de malaria y pulmonía. Tengo el testimonio de J. Álvarez, de Cividanes, del hambre que pasaba y de cómo ,un día , un gran lagarto ibérico tuvo la mala suerte de pasar por donde pudo verlo y  no tardó en estar colocado encima de las brasas para convertirse en exquisito bocado.
No todos los patrones eran “negreros” y un ejemplo lo tenemos en Rafael Btº Alonso Santiago de Pintán, que fue  reprendido por su esposa por llegar a casa, después de cinco meses de duro trabajo sin un duro por  repartir las ganancias entre sus obreros. No debe extrañar  que sus hijos varones prefiriesen ir todos para América R.B.A.S.

Parece que ya a mitad de siglo XX las condiciones eran mucho mejores y los viajes se hacían en tren. Los destinos seguían siendo  a las mismas zonas de trabajo y como siempre pasó,muchos se asentaron en esos pueblos (En un pueblo de Cáceres se podía oir hablar en gallego hasta nuestros días); en Valladolid se casaron los albañiles y en Alonsótegui, detrás de Baracaldo, fue donde José y Oliria (de los que siempre conservaré su recuerdo con cariño) residentes en ese lugar además de presentarme a otros guardeses allí asentados, me enseñaron, a principio de los 70 del pasado siglo,el lugar y los galpones que aún se conservaban de la tejera a la que iban a ganarse el sustento hasta que cambiaron de oficio por las oportunidades que le ofrecía la industria de la ría de Bilbao.

El salto del charco.

Muchos de nuestros paisanos, bien porque aquí no había trabajo para todos, o por querer unas condiciones de vida menos penosas, preferían  la aventura americana. Veían como, después de unos años los parientes volvían  de las antiguas colonias con la bolsa llena de duros y de libras esterlinas. Si antes ya iban los guardeses a cualquier territorio de la Monarquía Española, con preferencia por Nueva España y Cuba, desde mediados del siglo XIX el rumbo que tomaban los españoles, sobre todo gallegos y andaluces era el de Brasil. Hubo varias oleadas de emigrantes, a veces propiciadas por el propio gobierno brasileño que necesitaba productores para un país tan grande y poco poblado  y otras por los conflictos como las dos grandes guerras que dejaron a los europeos hambrientos.

La mayoría no sabían leer ni escribir pero sabían trabajar la tierra y hacer tejas y no les faltaba la ilusión de iniciar un viaje en busca  de la riqueza en aquellas lejanas tierras o incluso empreder  una nueva vida  en ellas. Como además de ganas hacía falta dinero para el viaje, con lo ahorrado y ayuda de familiares y amigos muchos pudieron lograrlo, otros tuvieron que conformarse con la vida que conocían o seguir intentándolo:
“….Le pido que me devuelva la Cédula de L. González, que ayer le remití. Este es un pasajero que quería ir para Buenos Aires y fiando de su palabra le escribí a V. más ahora resulta que no tiene el dinero para el pasaje ni nadie que se lo preste…” (R. López)
  Este pasajero perseveró y dos meses después zarpó de Vigo en el vapor “Valpariso” rumbo a Buenos Aires.

Para preparar el “papeleo”, (las cédulas  había que pedirlas a Pontevedra) y comprar el pasaje, hubo en La  Guardia  agentes marítimos que trabajaban a comisión con los consignatarios de los puertos de embarque de emigrantes. Uno de ellos, D. Ramón López,  empezó con la oferta que le hizo, en 1881, la importante casa consignataria de Oporto  y Lisboa  “Vasco Ferreira Pinto Basto”,  cuando por culpa de su anterior agente en La Guardia devolvieron a 29 emigrantes, que llegaron a Lisboa para embarcar, por  llevar documentos falsos. Con ellos trabajó para la Compañía de Vapores del Pacífico pero también, una vez  introducido en el negocio, lo hizo para Manuel Bárcena, de Vigo (Compañía de Vapores del Pacífico), y Estanislao Durán,  de Vigo (la Mala Real Inglesa), etc.

Costaba por entonces, 1880, un pasaje para Santos-Sao Paulo, 800 reales para un adulto y 400 para un niño y para Buenos Aires 900 reales, que aunque no parezca una cantidad elevada, no eran precisamente plazas de lujo, se hacía inalcanzable para muchos campesinos y algunos  negociaban para conseguir el paquete completo por el mismo precio:
“   tengo dos pasajeros para Buenos Aires, más no quieren dar más de novecientos reales cada uno, a condición de pagarle el coche desde aquí “ (R. López)

Como en el caso de los tejeros  temporeros que se quedaron en España vamos a hacer también el somero repaso que permiten estas pocas páginas, de los paisanos que de simultáneamente en el tiempo emigraron a Brasil. Muchísimos lo hicieron en el último tercio del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. La mayoría tenía su destino en Santos, que hace de puerto de Sao Paulo y en Río de Janeiro desde donde se esparcieron como una mancha por todo el territorio hasta su lugar de establecimiento, tanto en el interior como en la costa. Otros pocos,   se fueron a los extremos, como Ramón Lomba que escogió el tórrido clima de Recife (Pernambuco), al Norte  y otros se fueron al  Sur, donde el clima se parecía más al nuestro, como Manuel González, del Pasaje, que se quedó en el comercio de Rio Grande (Rio Grande do Sul) pero los más fueron a donde además de disfrutar de  un clima  suave tenían más posibilades  de encontrar lo que iban buscando, algunos no fueron muy lejos y se establecieron en la costa en el negocio de la hostelería, en Río(Laureano Alonso Portela en Niteroi), y  en Santos (Aquí lo hicieron varios tomiñeses).

Archivo del autor

y otros se adentraron por  los estados de Rio de Janeiro, Sao Paulo, Minas Gerais y Espiritu Santo donde se dedicaron  a la minería, al cultivo de la tierra (facendeiros y Jornaleiros) o al oficio que tan duro les costó aprender y  que  ahora gracias a los conocimientos que de él tenían le iban a proporcionar un medio de ganarse la vida; el de tejero. Las grandes extensiones de los cafetales de Sao Paulo eran como un imán para gente con ganas de hacer negocio  en una tierra que iba a depararles un futuro tan dispar.       ´
….. Allí la vida es fácil, hay variedad  de frutos que sólo hay que recogerlos y si sueltas unas pocas gallinas y te despreocupas de ella, al poco tiempo tienes docenas correteando por el terreno. Los cerdos andan sueltos por el centro de la población, mientras que los esclavos (2)pasan en fila con los tobillos engrilletados….J.F. Puebla (Sul de Minas).
Algunos después de hacer suficiente capital, regresaron, para vivir aquí retirados o montar algún cómodo negocio, otrosno tan cómodo, como hizo  Manuel  AnTº  González Portela que tenía una hacienda en alquiler en Campo Alegre; en 1882 mandó dinero para ser sustituido en el servicio militar (4.800 reales) y no ser declarado prófugo y regresó a Galicia. No puedo saber si  en su decisión influyó la inestabilidad  del país después del golpe de Estado que instauró la república, pero seguro que ayudó la morriña de la tierra y la familia y  en 1884 ya estaba  montando una tejera en Stª  Mª de Cortiñán (La Coruña). Como dato a conocer, el pago por el arriendo del terreno era de 10 ferrados de trigo anuales, más 100 reales por cada hornada de teja, un buen  precio para el dueño si tenemos en cuenta que normalmente se hacía un mínimo de seis hornadas.

Generoso Trigo González, natural de Cividanes e hijo de Tejero. A principio del siglo XX se asentó en Alegre (Espíritu Santo) y allí se quedó con su familia.

Unos se casaron allí con nativas, criollas o mulatas: José Manuel González, hijo de Manuel González Portela (tejero) y Manuela Vicente Español, casado con una brasileña y de profesión “oleiro”, se estableció en Carangola. Otros se casaron allí con españolas: Rafael Alonso González, de Pintán con María Vicente Puebla, de la Gándara.

En el centro Rafael Alonso González y María Vicente Puebla, que salió de La Guardia en Septiembre de 1929 para casarse con él, en Brasil. Lo celebran rodeados de otros guardeses en Ypaussú (palabra que significa charca grande) cercade Ourinhos en el interior del estado de  Sao Paulo,  frontera con Paraná  Los tejeros compartían el agua del lago con los temidos mosquitos.    


Hubo matrimonios que hicieron viajes  juntos desde España y nacieron alguno de sus hijos allí, como les sucedió a  Juan F. Puebla y Mª Manuela Fariñas (Sta Rita de Sapucaí), y también José F. Vicente y Avelina Trigo  (Ourinhos), entre otros y por fin hubo los que ya casados tuvieron que viajar solos dejando a su familia en el terruño, como le sucedió a José Mª Alonso González, dePintán, hijo de labrador y tejero, que después de retornar del (Yucatán) Mexico y hacer el servicio militar en Melilla, se casó en Cividanes y al año siguiente hizo de nuevo la maleta, y partió pero esta vez con un destino distinto.   

Algunos lugares en donde se establecieron los emigrantes guardeses. (A. del autor)

Como dijimos antes, la hambruna después de la I Guerra Mundial y las facilidades del  gobierno de Brasil que  abrió las puertas a los  emigrantes con cesión de tierras gratuita, con ciertas condiciones  y también  la opción de comprarlas, con el fin de poblar y hacer productivas las enormes extensiones de tierra del Estado de Paraná, al Sur del Estado de Sao Paulo produjo una nueva oleada de cientos de miles de emigrantes, mayormente portugueses y españoles, seguidos de italianos y japoneses que desembarcaron en los puertos  de Rio y de Santos y como una marea cubrieron las ricas tierras rojas de Paraná, ideales para la plantación de café; pero también esa tierra roja  era buena para hacer los ladrillos con que construir las casas que necesitaba esa nueva población en la que no faltaron los truhanes y las bellas señoritas de” moral distraída” y que aumentaba por cientos con cada barco que llegaba, y que transformando la selva en terreno de cultivo formaba nuevos pueblos donde se asentaban (3) y nuestros paisanos sabían bien  como hacer esos ladrillos,así como las tejas con que cubrirlas.

izquierda José Mª Alonso y a la derecha Jose F. Vicente, que llegaron a Santos el día 28 de Mayo de 1920, a bordo del vapor “Desna” (en el centro) de tres hélices y 11.483 Tn. (Archivo de la familia).


Algunos de los  que ya residían en Brasil se cambiaron a un nuevo lugar de asentamiento, en esa “ tierra prometida” y hacia allí se dirigió José  F. Vicente, en 1920, acompañado por José Mª Alonso, ambos de Cividanes. José F. Vicente ya había desembarcado en Santos cinco años atrás, aún soltero, a donde había llegado en el vapor Hollandia para dirigirse a Murié, pero ahora en su mentellevaban trazado otro recorrido para levantar con Manuel Rodríguez, también de Cividanes, una tejera. Desde Santos se dirigieron a Assis, dentro también del Estado de Sao Paulo y desde allí a la frontera con el de Paraná.  No tardó José Mª en tener su negocio operativo y un terreno listo para plantar maíz. Muchos miles de tijollos (ladrillos) y telhas produjo en los siguientes diez años, en los que  trabajó duro  y durante los cuales tuvo que sortear  muchos  y variados escollos y, aunque en este pequeño  trabajo no hay espacio para anédotas, decir que tuvo que “convecer” a alguno de forma expédita ya que no había otra forma en aquella selvática región, que le pagase lo que le adeudabao los recursos (4) que tuvo que utilizar para intentar que las bandadas de monos no le saquearan sus cultivos.

Libro de contabilidad de José Mª Alonso (Archivo familia)



En su libro de contabilidad se puede ver  que en  inicio  sólo hay gastos, incluídos los personales, como los de comida, fumo (tabaco), labaxe de roupa, etc. y los necesarios para su tejar. Después ya van aumentando los ingresos hasta obtener beneficios.
Parte de esos beneficios, se convertían en libras esterlinas de oro, como era habitual hacer entre los gallegos allí emigrados, que luego ya en el pueblo, parte de ellas se convertían en pesetas para comprar nuevos campos, viñas o matos, (algunos también compraban bonos del Banco de España) y alguna quedaba de reserva en el fondo del baúl o en lo alto de una viga  del “fallado”.
Como a José Mª le decía, su esposa, que no necesitaba dinero, pues estaba acostumbrada a arreglarse trabajando sus campos y criando el ganado doméstico, dedicó una buena parte de lo que ganaba en comprar terrenos en el estado de Paraná hacia el límite del Mato Grosso, llegando a tener en propiedad 75 “alqueires”.(5)



Hizo pocos viajes al  terruño durante esos años, las fechas  las marcan el nacimiento de sus hijos. La última vez que vino no estaba bien de salud por lo que su esposa no le permitió volver, a pesar de su insistencia por la necesidad de controlar por su mano todo lo que dejaba allí. Cuando unos años después ,su hermano le avisó que fuera porque podía perderlo todo ya que el gobierno estaba expropiando terrenos para el ferrocarril al Mato Grosso (ahora Mato Grosso do Sul)tampoco le dejó marchar su esposa ,quizá porque veía  que algunos vecinos fallecieron en ese lejano país o en mitad del fatigoso viaje a través del trópico, y de nada valió que mantuviera correspondencia (dificultada por el comienzo de la guerra civil española ) con un apoderado brasileiro y enviase su escrituras y recibos de pago de contribuciones  para pleitear por lo que era suyo. Los papeles se fueron “perdiendo” por las oficinas. Con el gran incremento de la población y su constante desplazamiento, por la fundación de nuevos pueblos, nadie  conocía al Notario en donde se hicieron  años atrás y la agencia encargada de vender las tierras ya no existía.

Documento de José Mª Alonso (Archivo de la familia)


Todos los guardeses  llevaron en su corazón la morriña de su hogar, los colores de  Galicia y el olor de su tierra. Unos fallecieron sin lograr sus objetivos, otros se establecieron felizmente, perpetuando allí los genes de nuestros ancestros y los que regresaron  trajeron el recuerdo permanente de sus vivencias en ese gran país de acogida y en las retinas, la vista de la ciudad de La Habana alejándose de la popa del vapor que los traía, después de su última escala. 

1.-Uno de ellos recién llegado de Puerto Rico. 
2.-En 1888, Isabel, la hija de Pedro II, entonces regente, eliminó de un plumazo la esclavitud, lo que al año siguiente le costó el trono a su padre. Hubo revueltas, los grandes propietarios apoyaron a los republicanos y se instauró la República que llevó a cabo una represión brutal contra los monárquicos. La efectividad de esa ley aún tardó varios años en llegar a todos los rincones del país. (En Estados Unidos se hizo de la misma manera y les costó una guerra civil y la vida al presidente “por traidor”, mientras que otros países como el Imperio Británico lo hicieron sin problemas y sin perjudicar su economía, compensando a los dueños de esclavos para que no se arruinaran).             
3.-En el primer tercio del siglo XX emigraron a Brasil casi 400.000 españoles                                  
4.- Se desplazaba en caballo y llevaba siempre un gran cuchillo y un  “cachorrillo” tipo Lefaucheux.                                                                                                                                  
5.-Un alqueir eequivale a 24.200 m2

Fuentes: Archivos privados-.Arquivo Nacional do Brasil – AHPPo-Prensa local

Autor: José Magoal, publicado no libro das Festas da Guía de 2017