jueves, 30 de marzo de 2017

EL VOTO A SANTA TECLA, COSTUMBRE RELIGIOSA DE GALICIA

EL ECO DE GALICIA (LA HABANA, 6 DE MARZO DE 1879)

POR
LAUREANO RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

(Natural de la villa de La Guardia)


Las innumerables Ermitas ó Santuarios que, bajo la advocación de la Virgen María, ó de alguno de los Santos á quienes la Iglesia Católica dá culto en sus altares, se ven en los pueblos, y en las faldas, ó cimas de las más escabrosas y elevadas montañas, débense, sin duda, á aquellas primeras épocas del Cristianismo en que los hombres, entregados á la vida contemplativa, solo dirigían sus ideas al mundo de los espíritus.
Crecido número de gentes de todas clases y gerarquías, atraídas por la fama de santidad que gozaban los cenobitas que vivían en esos lugares, acudían á los Santuarios para implorar el favor del cielo en pro de las necesidades públicas y de las privadas, unas veces motivados por los impulsos de una verdadera fé otras por vanidad y cálculo, y muchas por la superstición y el ciego fanatismo.
Ricos presentes, ofrendas más o menos valiosas, dejaban siempre los romeros en aquellas Ermitas, algunas de las cuales han llegado á convertirse en suntuosos y magníficos templos, si sus administradores eran hombres puros y celosos del explendor de la religión á cuyo servicio estaban dedicados.
En Galicia abundan los Santua-rios de que estamos haciendo mención; pues allí, desde los primeros días del Cristianismo, fue tan crecido el número de prosélitos que obtuvo, debido, sin duda, á la palabra elocuente de los discípulos del Zebedeo, cuyo cuerpo guarda Compostela como la joya de más alto precio: tal apoyo ha encontrado en aquella región la nueva fé sancionada en el Gólgota con la sangre del cordero, robustecida en el circo del Coliseo con el heróico sacrificio de millares de víctimas inmoladas por el furor de los Césares y sus lugartenientes: tan excesiva é incon-dicional sumisión y acatamiento prestaban los Gallæcos á los decretos de la Iglesia, que saliera de las Catacumbas, que bien pronto aquel territorio se convirtió en una de las más fuertes columnas de la religión de Jesús, cuyas máximas, echando en aquel pueblo sencillo profundísimas raíces, dieron origen á los célebres Concilios de Lugo y Braga, baluartes inexpugnables contra los cuales se estrellaron los cismas de Prisciliano, Arrio, Averrohes y otros filósofos de la escuela oriental.
Pero no es objeto del presente artículo hacer un estudio de esos sucesos, cuya magnitud excede á los estrechos límites de un artículo, ni pretendemos mencionar tampoco los perjuicios que el fanatismo religioso causó al pueblo gallego, perjuicios cuyas fatales consecuencias aún se tocan: no vamos á dar á conocer la presión humillante que ejercían sobre los infelices pecheros aquellos Prelados y Abades que tenían derechos de Señores de horca y cuchillo, ni los falsos principios de moral que una parte del clero de los antiguos tiempos imbuía en el ánimo de los ignorantes, valiéndose de los mayores absurdos, de la Alquimia, y de los fenómenos físicos para sorprender la buena fé y credulidad de las gentes sencillas, sembrando en sus corazones las ideas más extravagantes acerca de la naturaleza de Dios y sus atributos, espantándolos con supuestos milagros acaecidos á su voluntad y antojo.
De estos tiempos, y de esos embaucadores, de que por desgracia aún quedan por toda España algunos res-quicios , que la civilización actual vá ha-ciendo desaparecer, como desaparecen las sombras de la noche á los primeros albores del día, no es tampoco de lo que pensamos hablar.
Es de una costumbre religiosa, de un suceso, de un Voto creado hace más de 400 años de lo que vamos á tratar: de una religiosa festividad que aún en la presente edad subsiste con la misma pureza de la época de su creación, y que es tal vez desconocida de la mayor parte de nuestros indulgentes lectores.
Inmediato á la villa de La Guar-dia, en la provincia de Pontevedra, sobre la costa del Atlántico, y en la desem-bocadura del río Miño, se halla situado á los 41º 57’ de longitud y 2º 30’ de latitud de San Fernando, un monte de pequeña extensión pero de considerable altura, rematado en dos puntas ó colinas llamada una Facho y San Francisco la otra, estando ámbas separadas por una extensa planicie, en la que se halla situado un Santuario dedicado á la Virgen protomártir Santa Tecla, cuyo nombre lleva el monte.
Bellísimas y sorprendentes son las vistas que se disfrutan desde cual-quiera de las dos puntas de este monte, á donde quiera que el espectador dirija sus miradas! Desde el Facho, mirando al Océano, que ora agitado en soberbias y gigantescas olas se estrella bramando con salvaje fiereza contra las inmóviles rocas que marcan el límite de su imperio, ora tranquilo, asemejándose á un espejo en cuya superficie se repro-duce la imagen de los cielos, besa con sus aguas al son de amoroso murmullo, las ennegrecidas peñas de aquellas costas, divísase, cuando la atmósfera es diáfana, en una tan inmensa extensión, que sus horizontes se pierden y confun-den con la esfera infinita del firmamento.
A sus piés queda La Guardia que se vé á vista de pájaro; más allá el monte Torroso, después el pintoresco Valle del Rosal.
El Facho tiene en su centro una sólida muralla de ladrillo, cuya altura mide aproximadamente 30 piés, y está destinada para guía de los navegantes que recorren aquellas costas, y cuyas cartas marítimas tienen consignada esta punta.
Desde el pico de San Francisco se ven las macizas y vetustas torres de la antiquísima catedral de Tuy, de la que dista 20 kilómetros, y la fantasía del espectador más delicado se sacia en la contemplación del bellísimo panorama que presentan los pueblos y campos que están á un lado y otro del Miño, que como cinta de plata baja serpenteando entre las esmaltadas riberas de Galicia y Portugal.
El monte de Santa Tecla, célebre en la historia desde que Asdrubal llegó á sus términos con la primera expedición fenicia que iba á explotar las riquezas de Galicia; célebre por haber dado paso á las huestes más aguerridas de Viriato, cuyo campamento, se supone con funda-mento, estuvo situado en su cumbre, y por haber sido destrozado en sus inmediaciones el Cónsul C. Serviliano célebre por haber visto cruzar los ejércitos de Décimo Junio Bruto, el Galaico, quien desde uno de sus picos admiró el efecto sorprendente de la puesta del sol y célebre por el tránsito de las legiones de Julio César en perse-cución de los gallegos Brácaros que sucumbieron en las Cíes por falta de alimentos, este es el monte en donde tuvo lugar el Voto que vamos á referir.
Experimentaba todo el territorio gallego allá por los años de 1300 á 1355 una gran sequía, tal que según afirma la tradición, en los contornos de La Guardia dejó de llover en 7 años lo necesario para alimentar las plantas y sazonar los frutos, resultando de tan enorme calamidad el hambre y multitud de enfermedades que diezmaban la población.
La escasez de cosechas, que ame-nazaba tan inmediatamente la existencia de aquellos pueblos, les inspiró la idea de dirigirse los hombres solos, sin mezcla de mujer alguna, á la cima del monte de Santa Tecla para rogar á Dios por la mediación de esta Virgen que cesara aquella terrible calamidad, con el propósito firme de no bajar, sino después que sus ruegos fuesen oídos.
No puede fijarse el año en que comenzaron á practicarse en este  monte ejercicios piadosos, ni cual fué el de la época en que se erigió el Santuario de Santa Tecla que en él existe, pero de los datos que suministra el archivo del monasterio de Santa María la Real de Oya, consta que desde el siglo II se veía concurrido con tal objeto por los Ermi-taños que habitaban en sus inmedia-ciones, y desde esa fecha se supone que existe allí, tal cual se halla actualmente, la capilla de la Virgen, primer mártir de la fé.
Ya en 1134 Don Fray Pedro Martínez, Abad del referido convento de Oya, Don Godino, que lo era de otro que hubo en Barrantes y el Abad del que existió en el Rosal, movían con sus ejemplares virtudes, y excitaban con sus palabras á los habitantes de aquellas jurisdicciones á subir al monte de Santa Tecla á ejercicios penitenciales, así pues, al ocurrir la calamidad que dejamos apuntada, llenos de fé emprendieron la subida al monte, y como el tercer día de permanecer allí con ayunos rigurosos, mortificando sus cuerpos, y ejercitán-dose en piadosos hubiese la lluvia comenzado á refrescar los campos, los concurrentes hicieron un Voto, para sí y sus descendientes, de subir todos los años al referido monte para conme-morar esta gracia celestial.
EL VOTO A SANTA TECLA se hizo en esta forma: que todos los años, el lúnes y mártes de la semana de la Asunción, los hombres solos subirían al Monte, ayunarían á pan y agua confe-sando, comulgando y rezando el Vía-Crucis, y á esta religiosa ceremonia, á este solemne voto- que aún hoy se celebra con fervor y órden, siendo, tal vez, entre todas las festividades religio-sas de la actualidad la que se conserva con mayor pureza, pues todos los años se ven ascender en los dos citados días á la cima del monte centenares de hom-bres, muchos de ellos descalzos, y todos con la más acrisolada fé, observando rigurosamente el ayuno votado por sus antepasados- concurrieron el Obispo de Tuy que ofició, y el Rdo. Abad de Oya que predicó en dichos días.
La antigüedad de esta fiesta bien claramente se testifica por la ceremonia de la procesión que tiene lugar después de la misa.
A las once de la mañana comien-za ésta, que es larguísima, por recitarse las oraciones del día, la de Santa Tecla, las de los Patronos de las Iglesias que concurren á la fiesta con sus cruces parroquiales y estandartes y son Guardia, Camposancos, Salcidos, Rosal, Tabagón, San Miguel y Eiras, y todas las oraciones del misal romano.
Terminada la gran misa, sale la procesión de la Ermita en el órden siguiente: imágen de Santa Tecla, cruces parroquiales, estandartes, clero y pueblo.
En el pequeño espacio que hay desde la puerta de la Ermita hasta la muralla que la circunda, preside,  por una costumbre cuya causa ignoramos, la cruz parroquial de Camposancos, con la circunstancia de que en ese pequeño trayecto la procesión marcha en silencio.
En cuanto la imágen de la Virgen protomártir, cruces y estandartes traspasan la cerca de la Capilla, adelan-tándose la cruz parroquial de La Guardia que preside en toda la procesión, se pone la Virgen en el suelo, se arrodillan todos, y levantándose el Prior entona tristemente- Indulgencias, Kirie Eleison- y se arrodilla.
El pueblo repite en el mismo tono, las mismas palabras que el Prior vuelve á cantar hasta tres veces: á la cuarta dice- Indulgencias, Santa María, y todos se levantan poniéndose nueva-mente en marcha la procesión y cantándose la Letanía de los Santos con un tono especial: el pueblo, en vez de contestar – Ora pro nobis- á la mención de cada Santo, dice- Rogai a Deus por nos: Deus ouvide á nos- anteponiendo el nombre de Santa Tecla á esta exclamación, cada vez que mentan los Santos de la Letanía, alternando uno sí, otro no.
Al llegar la procesión al púlpito, que está situado entre los dos picos del monte, se detiene para escuchar un sermón de penitencia en el que se recuerdan las causas que dieron origen al Voto, cuya historia se relata, exhortando á los presentes á su perse-verancia.
Terminado el sermón, sube el Prior al púlpito y bendice el pan, único alimento de los que se hallan presentes, y enseguida vuelve á ponerse en marcha la procesión, que asciende al Facho, en donde arrodillados todos, canta el clero los salmos penitenciales, los graduales con sus letanías, versículos y oraciones, y el Evangelio de la Asunción.
Magnífico es el efecto que causa á la vista de los guardeses el tránsito de la procesión al derredor del Facho! El brillo de las cruces, el flameo de los grandes estandartes blancos, rojos, verdes y amarillos, cuyos paños agita con fuerza, el viento que siempre reina en aquella altura; las vestiduras de los sacerdotes, y el pueblo que va en pos constituyen un cuadro maravilloso, que todos los años se observa con igual interés.
Tan pronto terminan las oracio-nes que tienen lugar en el Facho, desciende la procesión nuevamente, cantando siempre la Letanía en la forma que hemos dicho, y se dirige a la colina de San Francisco, en donde, arrodi-llados, se canta una antífona á la Virgen, otra al seráfico San Francisco de Asis que se venera en el castillo de la Insua, situado en la desembocadura del Miño, y luego desciende para recogerse en la capilla.
Después de la procesión, que finaliza generalmente de tres á cuatro de la tarde, pasa el clero á una casa que está destinada para refectorio en el que hacen su comida, compuesta aquel día de pan y agua, servida en una mesa de piedra sin manteles, leyéndose por un acólito, durante ella, ejercicios piadosos.
En el segundo día se repiten las mismas ceremonias que en el primero, con la diferencia de que, en vez del sermón el Prior nombra vicario, mayor-domo, depositario, y demás oficios para el año siguiente, y en vez del Evangelio de la Asunción, se canta el de Pente-costés.
El prior es elegido todos los años entre los sacerdotes de las siete parro-quias ya mencionadas, que son las que componen los distritos municipales de Guardia y Rosal, siendo de notar, que estando el Santuario de Santa Tecla entre las parroquias de Guardia, Camposancos y Salcidos, no está sujeto sino al Prior que anualmente se elige.
Desde la remota época de la fundación de este Voto, al que concurrió el Obispo de Tuy, no había vuelto ningún otro Prelado á dar con su presencia, ejemplo de respeto á tan religioso como imponente festividad, hasta el año de 1877, que lo verificó el Ilmo. Sr. D. Juan Varela que ocupa actualmente la diócesis, repitiendo en asistencia en el año 1778, con ofrecimiento de concurrir en el presente, como lo cumplirá por haberse hecho nombrar Prior del Santuario.
El cumplimiento de este Voto y el respeto con que ha sido mirado hasta nuestros días por tantas generaciones que pasaron desde que se creó, dan una idea muy elevada, no solo de la fé religiosa de los habitantes de aquellas comarcas, sino que patentizan además de cuanto son capaces las gentes que abrigan corazón tan perseverante: imitémoslos en todo, y la resurrección completa de Galicia será rápida y gloriosa.

domingo, 19 de marzo de 2017

ES SANTA TECLA, NO SAN REGO


Puesto que algunos historiadores, y de firma por cierto, llaman San Rego al monte de Santa Tecla, creemos estar obligados, nosotros más que nadie á desvanecer semejante error y á probar que nuestro querido monte, que ha dado nombre a nuestro semanario, se llama ahora, y se ha llamado siempre Santa Tecla, y no San Rego, como se ha escrito en algunas obras históricas.
Con elocuencia suma nos habla á favor de nuestro aserto la antigua ermita que bajo la advocación de Santa Tecla fué erigida en lo alto del monte, entre el Facho ó Perouquiño y el picacho llamado de San Francisco, sin que aparezca allí cosa alguna que referirse pueda á San Rego.
Según nuestro humilde entender, este cambio de nombre debió de efectuarse allá por el siglo XII, cuando España, en el apogeo de la gloria, arrojaba torrentes de luz sobre el mundo intelectual, siendo sus libros traducidos en casi todos los idiomas cultos de entonces.
Sobre todo eran muy buscadas sus obras científicas e históricas, y nada tiene de particular que al traducir alguna de las últimas que tratara de nuestro monte, escribieron San Rego por Santa Tecla, máximo teniendo en cuenta que antiguamente era más común el nombre de Santa Trega que el de Santa Tecla; y de Santa Tecla á San Rego fácilmente se escapa la pluma.
Vinieron los tiempos de nuestra decadencia, y así como antes de ella nuestras obras se traducían en toda Europa, desde entonces un aluvión de obras extranjeras invadió nuestra nación; y no es extraño que algún escritor al traducir cualquier obra histórica ó geográfica que tratara de Santa Tecla se encontrara con San Rego, y sin más estudio ni meditación importara el San Rego.
Que el San Rego es de importación extranjera no cabe duda alguna, y para que de ello se convenzan mis caros lectores, voy á copiarles, á continuación, un párrafo que por casualidad encontré en una obra portuguesa, “EN EL ARTE DE NAVEGAR” de Manoel Pimentel, editado en Lisboa el año 1819. Dice así: Na entrada do río Minho hay un monte alto, é direito, aberto por sima a modo de forcado, ó qual se chama ó monte de Santa Tecla, é nos roteiros Hollandeses erradamente San Rego, ó qual he bon sinal para coñhecer Caminha…
Si los escritores, que con tanta ligereza estamparon San Rego en sus libros, se hubiesen tomado la molestia de visitar el monte que iban á describir, é interrogasen á la tradición, fuente de gran valor para la historia, seguramente que no hubiesen cometido tal equivocación. En historia, como en muchas cosas, es necesario ser tradicionalista.

                                                           JULIO DE CASTRO

martes, 7 de marzo de 2017

LA SANTA RELIQUIA DE SANTA TECLA

LA SANTA RELIQUIA DE SANTA TECLA
A GUARDA (Pontevedra)
Reliquia de anta Tecla del Santuario del Monte, de La Guardia.
Depositada en el Oratorio de la Casa de Acción Católica, hasta la fecha de su solemne traslación a La Guardia, tenemos en Vigo una célebre y notable reliquia de Santa Tecla.
Por la Junta Directiva de la Hermandad del Clamor, con la bendición paternal y el decidido apoyo del señor Obispo de la diócesis, Fray José López Ortiz, fue solicitada al señor Arzobispo de Tarragona, doctor don Benjamín de Arriba y Castro, la singular concesión de una reliquia de Santa Tecla, tomada de aquella que esta Virgen y mártir conserva con singular veneración la diócesis tarraconense.
El día 12 de agosto de 1950, el señor Arzobispo de Tarragona, accediendo benévolamente a la petición de la Hermandad del Clamor, envió al señor Obispo de Tuy una parte notable de aquella reliquia insigne que, como su mejor tesoro, guarda desde muy antiguo la iglesia catedral tarraconense. La reliquia vino acompañada de su correspondiente atestado. En él se hace constar: “Que la reliquia que acompaña el documento, incluida en una teca de plata de forma de forma ovalada, con cristal, recubierta en su interior de seda encarnada y con una almohadilla de papel de seda blanco, con la inscripción “Santa Tecla V. et M.”, es parte de la que se conserva en el tesoro de Nuestra Sta. Iglesia Catedral, como auténtica reliquia de Santa Tecla Virgen y Mártir…
Datos históricos.- Fue en el año 1290. Rehecha la ciudad de Tarragona y reedificada la catedral, después de las devastaciones de la ocupación sarracena, la devoción a Santa Tecla. Patrona de la ciudad y de todo el obispado- en opinión del cardenal Gomá, desde el siglo IV-, tuvo una resonancia sin igual en los anales de la vida religiosa de aquel pueblo. Unos mercaderes catalanes habían regresado de Oriente con noticias fidedignas de haber visto y venerado en Armenia las reliquias de Santa Tecla.
Reinaba entonces en Armenia el rey Onsino, conocido y amigo de Jaime II. En los propósitos de los caballeros tarraconenses puso el rey Jaime su mayor empeño y un gran interés. Formada la expedición, integrada por los mercaderes catalanes y algunos representantes del rey y del Arzobispo Jimeno de Luna, se hicieron a la mar llevando cartas y obsequios para el rey Onsino. Habiendo pasado por Mallorca, Sicilia y Chipre, arribaron a Armenia a los 153 días de navegación. El rey tributó a la embajada una acogida excepcional; y aceptando gustoso los  los valiosos presentes, hizo valer ante sus cortesanos, no sin grandes esfuerzos, la petición que aquellas reales cartas encerraban. Paños de ricas telas envuelven la reliquia concedida; y, guardada ésta en una artística arqueta de plata dorada, es traída a Barcelona.
En el otoño de 1320 llega la nave a las costas catalanas llevando a bordo,, con la santa reliquia y los comisionados españoles, un embajador especial del rey Onsino y dos sacerdotes. Por orden del rey Jaime II, la santa reliquia fue depositada en la catedral de Barcelona, a donde fuera llevada a su llegada en solemne manifestación religiosa.
Por fin, el 18 de mayo de 1321, fue la fecha señalada para la traslación de la santa reliquia a Tarragona. Una magna procesión presidida por el rey Jaime y su hijo el infante Alfonso con el concurso de señores obispos, de numeroso clero y de muchos nobles, hizo el triunfal recorrido hasta dejarla en la iglesia catedral tarraconense, habiendo allí sido recibida con las máximas solemnidades litúrgicas.
De esta santa reliquia traída desde Armenia, ha sido tomada la parte notable que el señor Arzobispo de Tarragona, doctor don Benjamín de rriba y Castro, ha enviado a la Hermandad del Clamor y que, es sin duda, la más valiosa joya del Santuario del Monte Santa Tecla.

Acto religioso para honrar la reliquia en Vigo.- En el oratorio de la Casa de Acción Católica, Velázquez Moreno, 16, 1.º, va a tener lugar un sencillo acto de carácter religioso para honrar a Santa Tecla en su reliquia traída de Tarragona.
Comenzará la función religiosa con la celebración de la santa misa a las once de la mañana, viernes día 29, festividad de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Insigne maestro este último de Santa Tecla, Virgen y mártir. Después del Santo Sacrificio se dará a besar la reliquia sagrada, que en el próximo mes de agosto será trasladada con la máxima solemnidad a La Guardia.
 El Prior del santuario del monte de Santa Tecla invita a todos los guardeses y rosaleños residentes en Vigo y sus alrededores, a este tributo de devoción a la anta Patrona, singular protectora de La Guardia y El Rosal.

Este Relicario de la Santa reliquia de Santa Tecla, fue donada al Santuario por los señores que a continuación se expresan:
D. Joaquín Nandín Lomba, D. José Benito Trigo Álvarez, D. Florindo González Español y D. Laureano Trigo älvarez.
El templete del Relicario, obra del ebanista guardés D. Francisco Conde, fue construido con madera de cedro, donadas por . Alcides Alonso Sobrino y los gastos de realización fueron sufragados por D. Julián López Ríos.
Las tulipas fueron regaladas por la casa “ARTE” de Vigo.
La Guardia vivió una gran
Jornada de fervor popular
Con motivo de la llegada de la Reliquia de Santa Tecla.
El Prelado tudense hizo la ofrenda litúrgica y presidió los solemnes actos.
(FARO DE VIGO, 24 de agosto de 1951)
LA GUARDIA.- La jornada del día 19 en La Guardia fue de intensa emoción popular.
El día amaneciera lluvioso, cerrado de tupidas nubes. Pero la confiada fe en Dios de este mi pueblo descorrió las densas cortinas de agua para ornamentar el cielo con el purísimo azul de un espléndido día de vivo sol.
Puede decirse, sin hipérbole, que La Guardia se despobló para concentrarse en forma admirable frente al Colegio de las Carmelitas, en donde numerosa autoridades locales y de los pueblos de la comarca, presididos por el señor Obispo, esperaban la llegada de la santa reliquia de la protomártir Santa Tecla.
Las emociones fueron plegándose vertiginosamente en cada minuto y en cada hora que pasaba.
El lector puede imaginarse lo que significó la entrada en el pueblo de la santa reliquia, conducida en carroza artística, escoltada desde Oya por una larga caravana de coches.
La solemnísima procesión.
Día 19 de agosto de 1951. Traslación de la Santa Reliquia de santa Tecla. Omento de la llegada de la Santa Reliquia a La Guardia y organización de la procesión, ante el Colegio de las HH. Carmelitas.

La incalculable multitud, al asomarse el hermoso desfile, estalló en un aplauso cerrado, hasta llegar la santa reliquia a la puerta del Colegio, aplauso que se avivó al aparecer nuestro señor Obispo, rodeada de las autoridades.

Y a duras penas, rompiendo por aquella apretada masa humana, que rodeaba, enardecida de entusiasmo, a la santa reliquia, fue ordenándose la grandiosa procesión. Las cruces procesionales de las siete parroquias de la comarca rompían filas.

Los Revdos. Sres. Párrocos de las comarcas de La Guardia y El Rosal presiden la procesión de la TRASLACIÓN de la Santa Reliqia. Figura de preste el Sr. Cura Párroco de El Rosal y Arcipreste, D. Juan Pérez Pérez; le acompañan con capa pluvial, D. Martín Álvarez, Párroco de Sálcidos; D. Gabino Goberna, Párroco de San Miguel de Tabagón; D. Cándido Rodríguez, cura encargado de La Guardia; D. francisco Rodríguez, cura ecónomo de las Eiras y el P. Martín, S. J., encargado dirección espiritual de Camposancos.

La imagen de la patrona de esta comarca, tan reverenciada y tan amada por estos contornos, iba a hombros de marineros. Y la santa reliquia, en magnífico relicario de plata, de estilo barroco, maravillosamente cincelado, bajo un templete y sobre unas andas riquísimas, de fina madera artísticamente tallada, respondiendo al estilo barroco del relicario, y llevada por cuatro sacerdotes revestidos de rojas capas pluviales. Tras de la santa reliquia iba un gran cortejo de sacerdotes, entre los que destacaban los párrocos de las siete parroquias que forman la antiquísima Hermandad de El Clamor, igualmente con capas rojas pluviales.

Cerrando el solemne cortejo figuraba el venerable anciano arcipreste y abad párroco de El Rosal, asistido del diácono y subdiácono. Presidiendo este inolvidable desfile religioso, nuestro excelentísimo y reverendísimo señor Obispo, rodeado de un nutrido grupo de autoridades. Y, encuadrando esta imponente procesión, interminables filas de mujeres y numerosos pelotones de hombres.
Todas las Autoridades estuvieron presentes en la magna procesión de la TRASLACIÓN de la Santa Reliquia. Acompañan al Sr. Obispo de Tuy los Alcaldes de La Guardia y El Rosal, el Juez Comarcal, el Ayudante de Marina, el Capitán de la Guardia Civil, el Jefe Local de Falange, el Jefe de Policía, el otario, el Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores, el Presidente de la Sociedad Pro-Monte, Presidentes de las Sociedades Recreativas. El Colegio de los PP. Jesuitas del Pasaje, estuvo representado por el P. Tejedor S. J.

Homenaje litúrgico del Sr. Obispo.
El acto terminal en la Plaza de España, ante el dosel rojo levantado en honor de Santa Tecla y de su santa reliquia, fue altamente conmovedor.

Aspecto parcial de la Plaza del Ayuntamiento en el momento de la sentida y sabia elocución que el Sr. Obispo de la Diócesis Fray José López Ortiz, dirigió a los fieles de las comarcas de La Guardia y El Rosal al final de la procesión con la Santa Reliquia. La muchedumbre llenaba por entero la Plaza y los balcones se veían colmados de personas.

Aquella multitud fervorosa, apretada en las bocacalles y en la plaza y en los bancos, en los balcones y en las ventanas, después de presenciar el homenaje litúrgico ofrecido por el Sr. Obispo, de la incensación a la santa reliquia, oyó- mejor dicho escuchó, que es oír con atención-, en medio de un profundo silencio, las fervorosas palabras del Prelado.
Fueron un tierno canto a la pureza y al martirio de nuestra protomártir, lírio purísimo de virginidad, encendida rosa del sacrificio. Y este canto, a la vez profundo estudio de alta vida cristiana, fue también un acertado ofrecimiento de consignas a los fieles para alcanzar la verdadera vida: pureza de costumbres y resignada aceptación del dolor, esto es, de la cruz que a cada uno el cielo nos haya destinado. Profundo y a la vez sencillo, nuestro amantísimo prelado cautivó y conmovió. Y dio realce a su oración sagrada su figura ascética, de la que parece transcienden, como efluvios naturales, el saber y la humildad.
Hondo fervor de un pueblo
Puede tener nuestro señor Obispo la seguridad absoluta de que toda aquella masa humana que él contemplaba, complacido, desde el balcón de la Casa Consistorial, ansiosamente gozosa, que con fervorosa impaciencia deseaba aproximarse a la santa reliquia para besarla, , cumplirá las consignas que nos dio en su oración. Y de que toda La Guardia y pueblos de la comarca, agradecidos a los desvelos de nuestro queridísimo prelado entregarnos este don del cielo de la santa reliquia, desvelos secundados ardorosamente- hay que reconocerlo, porque es de justicia- por el Sr. Nandín, besan rendidamente, con cariño filial, su pastoral anillo.
                                                                                  Cándido Rodríguez Vicente

FARO DE VIGO, 24 de Agosto de 1951.

viernes, 3 de marzo de 2017

La Fiesta del Voto



Son las ocho de la mañana del día 17 de agosto de 1942. El autor de esta crónica no puede quejarse de su suerte, pues la amabilidad de un apreciadísimo amigo le ha proporcionado el placer de hallarse a esta hora en la cima del Tecla, monte encantador, balcón desde el que España se asoma a Portugal, cutas suaves vertientes bañan por un lado el caudaloso Miño y por la otra las ondas procelosas del Atlántico.

Hasta hace algunos años, la fama del monte de Santa Tecla no había traspasado los límites provincianos y de sus pliegues y quebradas sólo transcendían aromas religiosos de de cánticos penitenciales entonados por los hombres de Galicia, tanto de los que roban al mar todos los días sus tesoros de pesca, como de los que se curvan incansables sobre las llanadas del Miño, que cortan en dos fundándolas el Coire y el Tamuje.

Más hogaño, los peregrinos del placer han invadido estas soledades profanándolas. Ya se oyen risas estrepitosas de ellos y ellas; las roncas trepidaciones de autobuses y coches de recreo que escalan el monte por la ancha carretera acallan el suave rumor del oleaje marino; y arriba, en la cumbre, frente a frente de la ermita de Santa Tecla alzan su liviana silueta los hoteles y restaurantes donde se asoman y exhiben gentes extrañas de todas las partes del mundo. ¡Ah! Y en los hoteles, los imprescindibles libros de oro donde magníficas plumas estilográficas han dado forma a pensamientos de lodo y tierra, tan triviales como éste: “Estupendo es el Monte Tecla, pero más estupendas las empanadillas que he comido en el hotel… X”



Panorama (al Miño) desde el Monte Santa Tecla.

Pero el autor no ha subido hoy al monte a llorar sus glorias pasadas, ni a ponderar sus bellezas presentes y los espléndidos panoramas que desde aquí se divisan,-los mejores del mundo según lo afirman muchos turistas en los citados libros de oro- sino a exaltar y dar a conocer a los lectores de “Ecos…” una bellísima y edificante tradición religiosa de esta tierra, que puede enorgullecerse de haber sabido mantener fresca y lozana la flor de la penitencia en estos parajes, que desde hace años soportan la pesadumbre de todos los afeites y tatuajes de la liviandad y desenfreno de sus visitantes modernos.

Hay en la cima del monte una ermita, pobre y humilde, pero aseada, dedicada a la virgen y protomártir Santa Tecla. Créese que su devoción fué traída a esta región por la famosa peregrina gallega Eteria. Sea lo que fuere del origen de su devoción , parece indudable que ésta se hallaba ya sólidamente arraigada en el siglo XIV, pues a mediados de él, en el año 1355, se instituyó en su honor la Fiesta del Voto. He aquí el hecho que dió lugar a esta fiesta singular, según se lee en el libro de las Constituciones de la Hermandad del Clamor, que es la encargada de su organización. “Habiendo padecido una extraordinaria sequía y falta de agua en esta tierra por algunos años, acudieron los circunvecinos a la protección de la gloriosa Santa Tecla y por su medio lograron el beneficio de lluvia tan oportunamente, que se dejó ver con bastante claridad, haber sido por su intercesión, y de aquí tomaron motivo estos pueblos para votar el ayuno anual y extraordinario de pan y agua, que se observa, sin decadencia, después de tantos años, el lunes y martes de la infraoctava de la Asunción de nuestra Señora, y los más ejercicios y mortificaciones que en dicho monte se practican”.

Como se ve es una fiesta de penitencia esta del “Voto”, tanto más notable cuanto que se celebra en pleno verano y en plena faena de recolección. Lo más edificante del caso es que se trata de una fiesta de penitencia de solo hombres; las mujeres tienen prohibido el acceso al monte; sólamente los hombres pueden ese día escalar su áspera vertiente.



Cima del Monte de Santa Tecla.


Acuden a la fiesta hombres y niños de las parroquias de La Guardia, Salcidos, El Rosal, Camposancos, los Tabagones (San Miguel y San Juan) y las Eiras, pueblos todos situados en el valle del Miño. Ya al clarear el día comienzan a llegar a la falda del Monte grupos de hombres, llevando al hombro la escarcela de su condumio penitencial. Algo más arriba de la mitad del monte se alzan las diversas estaciones de un Vía-Crucis de piedra; uno del grupo (a falta de sacerdote, pues si le hay en el grupo, a él compete) dirige el Vía-Crucis, que todos siguen devotamente. Desde las siete se suceden las misas rezadas en las que comulgan casi todos los hombres, previa una sincera y dolorosa confesión con uno de los cuatro confesores que les atienden, ayudados por varios Padres Jesuitas de El Pasaje.

Mientras esto sucede en la ermita y los grupos de hombres que recorren el Vía-Crucis se suceden sin interrupción, allá por la carretera se acerca la procesión, que salió muy de mañana de El Rosal con la imagen de Santa Tecla llevada a hombros de romeros que se renuevan al entrar en los términos de cada feligresía. Acompañan al grupo los señores Abades de las parroquias, que se van agregando a la procesión al pasar ésta por sus parroquias y van engrosándose las filas con los devotos que han oído misa y comulgado en sus pueblos; también se agrega un nutrido grupo de mujeres que acompañan a la Santa hasta la falda del monte, desde donde se vuelven a sus casas, pues hoy el acceso al monte les está prohibido. Son cerca de las diez y media cuando llega la procesión a la ermita del Tecla.



Santa Tecla. Protomártir.

Hacia las once, cuando ya han terminado las confesiones, tiene lugar la Misa solemne, cantada por el Prior de la Hermandad del Clamor, que es siempre elegido entre los sacerdotes de la comarca, socios todos ellos de la Hermandad. A continuación de la Misa tiene lugar la procesión con la imagen de la Santa que por la mañana han paseado triunfalmente desde el lejano pueblo de El Rosal. Esta vez la procesión se desenrolla dando una vuelta a la ermita y descendiendo a la explanada, frente al púlpito de piedra, se coloca a la sagrada imagen frente al predicador y éste recita su sermón de penitencia a los hombres, que le oyen sentados en las gradas y a la sombra de los árboles. Ningún escenario más apropiado para reproducir el Sermón de la Montaña frente al mar de Tiberíades. Aquí y allí, pescadores curtidos por los vientos yoizados del mar; aquí y allí, la misma doctrina de penitencia; aquí y allí la sombra del cielo por bóveda y la azul lejanía del mar por horizonte; aquí y allí los hombres de buena voluntad que quieren ser buenos, aunque luego las obras no den en el blanco de tan altos deseos.

Acabado el sermón se bendicen los panes que llevan los peregrinos por toda vianda y leída la lista de los nuevos nombramientos para los cargos directivos de la Hermandad, sigue la procesión hasta el Facho (o picacho) del monte que da vista al pueblo pesquero de La Guardia y a toda la gran explanada del Miño. En lo alto se depositan sobre una peña cubierta casi de hierba las andas de la Santa y los sacerdotes las rodean de rodillas en dos coros, rezando alternativamente los salmos graduales y los penitenciales con las letanías de todos los Santos; luego se canta el Veni creator Spiritus, y el diácono, previo el Munda cor meum, y la incensación, canta el evangelio de Santa Tecla, que es el del día de la Ascensión. ¡Qué bien suenan aquí las palabras del Maestro de los Apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad mi Evangelio. Parecen resonar aquí esas palabras  con valor de nueva misión evangélica: “Ad, hombres sanos, cristianos de verdad, en este rincón paradisíaco de Galicia, y enseñad a los cobardes cristianos de hoy día cómo en plena estación de veraneos y placeres sensuales se puede y se debe hacer penitencia”.


Panorama desde el Monte al Atlántico.

La procesión se ha vuelto a poner en marcha. Ahora va camino del Facho del Sur, llamado de San Francisco, por encima de los modernos hoteles, de cara al Atlántico y a Portugal, por donde regresa a la ermita.


Púlpito.
Con esto se termina la fiesta, después de la cual la multitud se desparrama por el monte y los eclesiásticos se recogen a su hospedería, la llamada Casa dos Cregos, vecina a la ermita donde se da a cada uno un pan, comiendo de él y bebiendo agua fresca, en memoria del ayuno a pan y agua que antes observaban todos, eclesiásticos y seglares, rigidísimamente, y que hoy se practica muy atenuado.

Eran las tres de la tarde bien pasadas, Cuando por una extraña senda bordeada de pinos y eucaliptos descendía del monte a paso lento de un grupo de eclesiásticos . van delante D. Juan Pérez, Abad de El Rosal y D. Martín Álvarez, que lo es de Salcidos. Suman sus vidas más de siglo y medio de existencia y su venerada ancianidad y el prestigio y ascendiente que gozan entre sus feligreses honrarían muy bien a los capisayos cardenalicios. Detrás de ellos van sus fieles Coadjutores, don Evaristo Crespo y mi queridísimo amigo don Anselmo Pérez. Cierra la comitiva el autor de estas líneas, quien su interior va revolviendo esta idea: si algún día escribiese yo algo sobre esta fiesta tan singular y edificante, tan digna de ser conocida e imitada, pondría a mi artículo este

                                                                                                          ENVIO:

Para vosotros, dignísimos sacerdotes de El Rosal, Salcidos y todo el valle del Miño estas líneas. Hoy, que el mundo está desquiciado y el cristianismo de muchos pueblos en crisis, podéis vosotros todavía decir una palabra de optimismo con el ejemplo de vuestras feligresías en pleno florecimiento.

            Burgos 15 de Septiembre de 1942.

FR. OTILIO DEL N. JESUS, O. C. D.



jueves, 2 de marzo de 2017

La Atalaya

Grabado de mediados de S. XIX de Avendaño


Publicado no libro das Festas do Monte en 1949

miércoles, 1 de marzo de 2017