martes, 30 de octubre de 2018

(A GUARDA) EL SANTUARIO DE SANTA TECLA


(Del libro “La Citania de Santa Tecla” de Julián López García)

Para formarse idea de la antigüedad e importancia del santuario de Santa Tecla, hay que remontarse hasta los primeros siglos del cristianismo, y llama seguidamente la atención el ver la prontitud con que resonó en las márgenes del Miño el eco de la predicación de los que en nombre de una nueva ley, desconocida hasta entonces, venían a redimir a la humanidad de la esclavitud del paganismo.
Y es muy significativo el que fuese el monte Santa Tecla, y no otro, el punto de cita de los primeros cristianos de estos contornos para ejercitarse en actos de devoción y penitencia, lo que nos demuestra una vez más la preexistencia de antiguos cultos paganos en este monte, o que él mismo estuviese dedicado a cierta deidad mitológica, lo que nada tendría de particular dada la facilidad con que los gentiles acostumbraban a divinizar los objetos de la Naturaleza, muy particularmente los montes, mares y ríos, como nos lo testifica la Historia al decirnos que el Lima, caía dentro de la antigua Gallaecia, era considerado como sagrado, hasta el punto de que nadie osaba pasarle sin cierto temor religioso, y que la Insua se hallaba dedicada a Saturno; pues bien, si el Limia y la Insua se hallaban divinizados, con más razón lo estaría el Tecla que era guía y faro de las naves que cruzaban nuestro mar.
Y si decimos que en este monte debió existir un santuario pagano, es por el hecho de haber encontrado trozos de cornisas y de dinteles que por su hermosa ornamentación, se apartan  del estilo rudo y pobre que domina en todas las edificaciones del Tecla, lo que parece indicarnos que esas piedras sean restos arquitectónicos de algún santuario pagano.

Santuario de Santa Tecla.

Si este monte venía santificado ya desde muy antiguo, es natural que por la fuerza misma de la tradición siguiese inspirando, aún entre los mismos cristianos, ese respeto que infunde toda idea religiosa, y de aquí, tal vez, la preferencia que los primeros cristianos demostraron por este monte ya desde un principio.

Lo que no sabemos es por qué se le ha puesto el nombre de Santa Tecla, pues no hay motivo fundado para creer que tal denominación provenga de haber vivido allí la Santa, como equivocadamente suponen algunos, apoyándose en la posibilidad de que hubiese venido a España en compañía del apóstol San Pablo, que fue quien la adoctrinó y convirtió, pues si bien la tradición de la Iglesia no se opone al viaje del Apóstol a España, en cambio nada dice con respecto al de la Santa.
Además no se explicaría satisfactoriamente cómo la Santa pudo arribar a estas playas y hallarse de vuelta, al poco tiempo, en Isauria (Oriente), donde sabemos que sufrió el martirio en el anfiteatro de Iconium, en el año 46 de la era cristiana; pero aunque su viaje hubiese sido cierto, siempre habría la dificultad de explicar cómo la Santa pudo habitar, siquiera fuese momentáneamente, en nuestro monte en ocasión en que el oppido del Tecla estaba ocupado militarmente por los romanos, los cuales no permitirían que los cristianos, a quienes consideraban como enemigos del imperio, residiesen en aquellas alturas convertidas en inexpugnable fortaleza.
Lo que creemos que siendo Santa Tecla de los primeros mártires, se conservó siempre muy vivo el recuerdo de sus virtudes y de su heroica y santa muerte, y que al posesionarse los ermitaños y cenobitas de nuestro monte, pusieron su humilde ermita bajo la protección de esta señalada santa, tenida como clásica por la Iglesia.
Mucho se ha escrito sobre la vida y martirio de Santa Tecla, y por desgracia no todos con igual criterio, pues sabemos por Tertuliano y San Jerónimo que en tiempo de los Apóstoles, un cierto presbítero de Asia, con poca veneración hacia San Pablo y Santa Tecla, formó unas actas apócrifas de sus peregrinaciones y tragedias, y por este crimen fue depuesto del sacerdocio por San Juan Evangelista.
Y del renombre y fama que esta Santa había adquirido en Galicia, nos lo da a entender un manuscrito titulado “Peregrinatio”, de principios del siglo V, escrito por una virgen religiosa llamada Etheria, nacida en el último tercio del siglo IV, en el extremo litoral occidental de España (indudablemente Galicia), por donde sabemos que fue bella misma a Oriente a visitar el sepulcro de Santa Tecla, que está en Isauria, donde hizo oración y leyó las actas de la Santa, según costumbre corriente entre los cristianos, y que en un collado que allí hay llamado Santa Tecla, encontró a su amiga la santa diaconisa Martana que conociera en Jerusalén(1).
No cabe duda que esta religiosa Etheria debió contribuir grandemente a extender la devoción de Santa Tecla a su regreso, por toda Galicia, y hasta estamos por decir que tal vez a ella debamos los fervorosos cultos que se tributan a la Santa hoy día en el Tecla.

De la antigüedad de de esta devoción en nuestro monte nos lo dicen también las actas de la Congregación de Santa Tecla  donde se lee: “No hay memoria de la primera fundación de la capilla de Santa Tecla en el monte de dicho nombre, y sólo se sabe por antiguos documentos, que se daba ya culto a la gloriosa Santa en este sitio, antes de estar reducidos a los claustros los religiosos, cuyos monasterios existen hoy en el Obispado y otros que se extinguieron; pues los eremitas que habitaban sus montañas y desiertos solían concurrir a este monte por este tiempo más fogoso del Estío, como a sitio fresco, por estar sumamente elevado, y cuasi circundado de las aguas del mar y del Miño, a pasar algunos días en santos ejercicios y colaciones espirituales; de cuya práctica tomaron los pocos eclesiásticos y seglares de la comarca con aquella santa devoción juntándose por el mes de Agosto en la cima del referido monte, donde está situada la capilla de la Santa”.
Igualmente nos habla a favor de la antigüedad de este santuario, el estar escrito en gallego un documento muy curioso que debe datar de la época de la formación de nuestro romance regional.
Al abandonar los romanos la fortaleza del Tecla por no serles ya necesaria su conservación, suceso que se supone ocurrió a últimos del siglo III de la era cristiana, es cuando debieron aparecer en este monte los primeros ermitaños, los que nos han dejado como recuerdo el nombre de Ermitán, con que es conocido un paraje de este monte.
Establecida por Constantino (313) la tolerancia de los cultos, es de presumir que desde entonces empezasen a hacerse ostensibles en el Tecla las prácticas religiosas que antes se venían haciendo en secreto.
Casi puede asegurarse que estos ermitaños se verían envueltos, como toda la Iglesia de Galicia, en el cisma priscilianista, favorecida su propagación por la semejanza que tenía esta herejía en muchos puntos al antiguo zoroastrismo; pues Prisciliano sostenía la absurda teoría de que las almas y los cuerpos de los hombres estaban bajo el influjo de los astros, herejía que se conservó en el país por mucho tiempo, aún después de perseguido y muerto Prisciliano por orden del emperador Máximo, por cuanto sabemos que en el Concilio de Braga (561) se anatematizó las prácticas priscilianistas.
Devuelta la paz a la Iglesia de Galicia, volvieron a restablecerse los cultos religiosos dentro de la más pura ortodoxia, naciendo bien pronto después algunas de las curiosas instituciones que aún hoy tienen vida próspera, pudiendo señalarse como más notable la que oficialmente se estableció entre los años 1138-40, llamada la Hermandad del Clamor, cuyas constituciones, escritas en gallego, es un documento digno de estudio filológicamente considerado, y donde se lee: “Aquel monte hu se mostraron por muitas veces as virtudes de Deus”, institución que recibió nuevo impulso con la fundación del célebre Voto, allá por el año 1355.
En conmemoración de este ofrecimiento, todos los años, el lunes de la Infraoctava de la Asunción de Nuestra Señora, se celebra en la capilla de Santa Tecla misa solemne, saliendo la procesión al estilo claustral, llevando levantados cerca de cuarenta estandartes y cinco cruces parroquiales (hoy van siete), y en ella se recita la letanía de todos los santos, alternando con el nombre de Santa Tecla, y ciertas preces en gallego cantadas con música muy sentimental y en tono sumamente devoto.


Antiquísima imagen de Santa Tecla (piedra).

Se comienza con el Kirieleisón, e inmediatamente se dice: Santa María, rogai a Deus por nos, contestando el pueblo: Deus ouvide a nos; después sigue: Santa Tecla, rogai a Deus  por nos, y se vuelve a contestar: Deus ouvide a nos, y así alternando el nombre de la Santa con el de todos los santos, llega la procesión a un púlpito de piedra que hay entre la capilla y el Facho, predicándose un largo sermón de penitencia; y terminado éste, sigue la procesión al Facho, y puestos todos de rodillas entonan los eclesiásticos los salmos penitenciales y también los graduales, y al final se canta el Veni Creator Spiritus y el Evangelio de la Ascensión (2).

Interior de la capilla de Santa Tecla.

(

Recogida la procesión, todos los eclesiásticos se reúnen en la casa llamada d’os Cregos, y se les sirve, como a los demás oficiales de la Hermandad, pan y agua a costa del Prior.
Debe indicarse por curiosa la circunstancia de que la capilla de la Santa, a pesar de estar plantada en medio del término de dos parroquias, a ninguno de los párrocos está sujeta, sino al Prior de la Hermandad del Clamor, que se elige anualmente entre los eclesiásticos de todas las parroquias.
No entraremos en más detalles por no considerarlos propios de este folleto, y además porque con más autoridad que nosotros pronto lo hará D, Juan Domínguez Fontela, quien tiene en preparación un extenso y acabado trabajo histórico relacionado con estos cultos del Tecla.

(1)    Estas notas están tomadas de un trabajo que a cerca de Sta. Tecla tiene en preparación don Ignacio Calvo.

(2)  Sería muy conveniente que los curas párrocos y el Sr. Prior de la Hermandad procediesen a escribir y coleccionar estos antiquísimos cantos religiosos de Santa Tecla, para evitar que estas composiciones musicales lleguen con el tiempo a perderse o alterarse.

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