sábado, 7 de junio de 2014

EL TECLA – SÍNTESIS

EL TECLA – SÍNTESIS

            ¡El Monte Santa Tecla! Aún la más perspicaz observación no bastaría a enumerar y describir con detalle todas y cada una de las incuestionables bellezas que este lugar de ensueño atesora. Cabe, empero, compendiarlas y aún aquilatar en lo posible su plusvalía, aludiendo para ello al magnífico retablo de maravillas naturales en que mano omnímoda quiso situarlo, allí mismo donde la placidez y mansedumbre del fronterizo Miño, tras estéril embestida, rinden obligado tributo al implacable y turbulento Océano, hecho geográfico de profunda filosofía (“nuestras vidas son los ríos”...), que también en enseñanzas de esta índole es pródigo nuestro Monte. En efecto, cual nuevo Parnaso, constituye el Tecla un fecundo motivo de inspiración para el visitante con alma de artista, quien, ávido de ganar la céltica altura, en suave ascensión, siente cómo el espíritu se ensancha y vivifica a me-dida que el horizonte va ganando en amplitud, al tiempo que sucesiva y copiosamente va imprimiendo en su retina nuevas facetas de polícromo paisaje, cuya paradisíaca visión comparten, fraternales, los gemelos Facho y San Francisco, siempre, acogedores y comunicativos de la inmensa dicha que, en secular silencio, semejan experimentar.

            Tan profusos como bellos atractivos de esta joya que Natura nos ofrece, componen una armoniosa síntesis de historia, poesía, arte..., aureolados por un hálito de santidad que dimana de su propio nombre, el de la virgencita de Iconio, para que de esta suerte nada pudiera faltar en él de noble..., sublime..., elevado.

            Julio de 1950.

                                                                                              Rogelio Vicente Portela

Publicado no libro das Festas do Monte de 1950

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